miércoles, 9 de junio de 2010

7

El todopoderoso poder,
que se diluye hasta adquirir la forma
de un idiota con uniforme,
o la de una valla electrificada,
o una muralla que tuvimos que
construir nosotros mismos,
o nuestros hijos,
o los hijos de nuestros hijos.
El insaciable poder,
que se alimenta de bocas moribundas,
de ojos tumefactos,
de manos encalladas y calladas;
que nos alimenta con zanahorias virtuales,
con espejismos de bolsillo,
con males consuelatontos de muchos.
El putrefacto poder,
que produce más cadáveres que cualquier pandemia,
apaga su puro en ceniceros de cráneo,
juega al golf con fémures del 4,
se aburre en la ópera vestido con pieles sin pelo,
y desayuna corazones tiernos con café.

Pero eso sí: a cambio,
podemos contar siempre
con la mejor de todas sus sonrisas.

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