miércoles, 9 de junio de 2010

1

Admitiendo
que esto no sirve de nada,
que es pura palabrería,
que no va a cambiar el mundo
ni tan sólo una molécula,
que van a seguir muriendo
los mismos muertos de siempre
(e incluso los demás),
que los mismos desalmados
seguirán chupando sangre
en cadenas de montaje,
que no nos caerá el gordo
por tan sólo cinco números;
que morirán diez personas
por accidentes de tráfico
en este fin de semana,
que la chica de la Rambla
no va a soltar su guitarra
para pasear conmigo;
que entre víctima y verdugo
sólo media una pistola de distancia;
que mi zapato lo ha hecho
un niño descalzo en Marruecos;
admitiendo, digo,
todo lo anterior expuesto,
no puedo negar que albergo
cierto incierto sentimiento
curiosamente cercano
a, digamos,
la felicidad.

2

A veces en una sola mota de polvo casi invisible
se concentra por un momento toda nuestra vida

bueno
todo lo bueno, lo cálido, lo sublime
de nuestra vida;
se convierte con su magia en aquel Aleph borgiano
pero hecho a nuestra imagen y medida
y al momento surge, como el hueso en la cereza,
la duda
de si será que el universo está en todo
incluso en esa minúscula mota de polvo
o si, más bien,
es todo tan absurdo y tan vacío
que esta tonta mota
es lo más importante que tenemos.

3

y de repente pasas por delante
con ojos y tobillos preocupados,
y un rizo suelto marca el ritmo allegro
del tango de tus pasos;
y entonces apareces en el metro
e intentas esconderte tras un libro
durante tres paradas
y sin cerrarlo saltas y te escapas,
y estabas en un banco,
magnífica entregándote a los besos
del sol y de los ojos apurados
de pobres peatones despistados;
y te vuelvo a encontrar, en una barra,
sudando tras la barra,
brillando tras la barra,
estrella del sistema de la barra,
centro de tu universo ptolemaico;
y ahora estás descalza,
sonriendo mientras suena una guitarra,
tu fuego dibujando movimientos
hiptonizantes
curvos
espirales
amenazantes
imposibles
mágicos.

Te veo en todas partes:
sembrando de luciérnagas la noche,
pintando claros al cielo nublado,
lloviendo flores entre los escombros,
minando con sonrisas el asfalto,
dejando caramelos en mi puerta,
enviándome postales entre el tráfico.

Besándome en la nuca mientras duermo
el sueño del amante solitario.

4

Andando se demuestra
que el movimiento curvilibre
centrífugo
uniformemente apasionado
es el único truco
con que contamos
los míseros minúsculos paupérrimos
humanos
para alargar la rígida cadena
que nos condena
para reírnos del reloj en su jeta
para hacer aviones con las hojas del calendario
para ver el sol rebotar al chocar contra el mar
para bailar al son de las campanas cuando doblan
y para ajusticiar, de una vez por todas,
y para que sirva de general escarmiento
a la puta rutina

5

La Vanguardia, 26 de Junio
del presente año, ECONOMÍA:
“Tras serios estudios mercantiles,
hoy el FMI declara:
Si por cada cara desastrada,
Apagada, apesadumbrada,
deslucida, sorda, anestesiada,
gris, ceñuda, rota, desgastada,
dolorida, descascarillada,
triste, turbia, torva o torturada
que el acordeonista ve en el metro
recibiera solamente un céntimo,
se convertiría, a la semana,
en el pobre más rico de España
.”

6

Por merecido descanso del personal
este maldito mundo
se mantendrá cerrado
a generales, párrocos, marquesas,
presentadores, analistas, déspotas,
psicólogos, alcaldes y profetas.

7

El todopoderoso poder,
que se diluye hasta adquirir la forma
de un idiota con uniforme,
o la de una valla electrificada,
o una muralla que tuvimos que
construir nosotros mismos,
o nuestros hijos,
o los hijos de nuestros hijos.
El insaciable poder,
que se alimenta de bocas moribundas,
de ojos tumefactos,
de manos encalladas y calladas;
que nos alimenta con zanahorias virtuales,
con espejismos de bolsillo,
con males consuelatontos de muchos.
El putrefacto poder,
que produce más cadáveres que cualquier pandemia,
apaga su puro en ceniceros de cráneo,
juega al golf con fémures del 4,
se aburre en la ópera vestido con pieles sin pelo,
y desayuna corazones tiernos con café.

Pero eso sí: a cambio,
podemos contar siempre
con la mejor de todas sus sonrisas.

8

Cambiando la costumbre
hoy nos dedicaremos
a un exhaustivo examen
de mí mismo.
Seremos imparciales,
rozando lo científico,
y, en lo posible, desapasionados
e implacables.
Nos encontramos ante un individuo
pobre
si por esto se entiende
tener bajo poder adquisitivo;
loco
en tanto en cuanto puede
cantar flamenco a solas
reírse sin motivo
bailar rumbas desnudo
y hasta creerse dueño de su olvido;
y feo
siempre y cuando creamos al espejo
a aquella chica que cambia de acera
y a cientos de borrachos y de niños.

9

El peso de una mirada
es el peso de un espejo,
el de muchas negativas,
el de mil indiferencias,
el de promesas tan grandes
que no caben en mi pecho
y me ahogan,
es el peso de una risa
silenciosa,
es el peso de autopistas,
de peajes,
de camiones o de bólidos,
o de motos de carreras.

Pero sobre todo espejo,
espejo regla,
espejo metro,
espejo aguja,
espejo plomo,
espejo peso,
ese peso insostenible
de una mirada encontrada
que, en realidad, soy yo mismo.

martes, 8 de junio de 2010

10

Primero tose un perro,


brama un niño,


retumba una moto.


Luego grita el silencio…


y es tan insoportable
como el zumbido de un corazón roto.